El tercer día del viaje por Estados Unidos había llegado y como no teníamos el desayuno incluido en el hotel decidimos ir a buscar algun sitio en el centro del pueblo. Nos llevamos una grata sorpresa al ver el centro, ¡era genial! El tipico pueblo de la america profunda que vemos en las peliculas. En realidad solo era una la calle principal y se ve que vivien del turismo y esta llena de tiendecitas donde comprar cosas de la Ruta 66 pero estan hechas de un modo que no parecen las tipicas tiendas de souvenirs de cualquier otro lugar.
Entramos en una tienda donde tenían ¡de todo!. Allí compramos algunos regalos para llevar a amigos y familia. Después de pagar, la mujer (bastante peculiar, de unos 60 años vestida como si fueran los años 50 y muy maquillada) nos dijo que podíamos hacer rodar la ruleta y en base al numero que sacábamos nos tocaba un regalo u otro. Andrea me dejó tirar a mi y me tocó el premio especial: un anillo con un brillante.
Después de comprar estos regalos cruzamos la calle y entramos en un bar de pueblo en el que servian unos desayunos realmente a la americana ¡TODO ERA ENORME! Nosotros decidimos desayunar a lo tradicional con un cafe y unas cookies ya que no nos veíamos capaces de comernos esos burritos inmensos que se estaban comiendo la gente local. En la mesa de al lado teníamos a dos hombres y un niño vestidos con ropa de trabajo que se estaban comiendo unos platazos inmensos, esos tres parecian recién salidos de una película.
Después de pasear fuimos a buscar el coche para ir rumbo el Grand Canyon pero antes vimos que había una concentración/exposición de coches clásicos puestos a lo largo de la calle principal así que decidimos ir a verlos. Eran realmente preciosos y estaban todos muy bien restaurados. Había Mustangs, Buik, Chevrolets, Dodge...



















