El otro día decidí poner un poco de orden a todos los
pases del Mundial de MotoGP que he ido recolectando a lo largo de todos estos años. Decidí ordenarlos por años y una vez los tenía prácticamente todos colgados me di cuenta que
el más antiguo que conservo es del 2006. En esa época todo era distinto para mí allí dentro - aunque a veces todavía siento esa ilusión y magia cuando paseo por el paddock. También es verdad que no solo yo lo veía y lo vivía distinto ya que el paddock también era distinto, más familiar.
Me acordaré toda la vida de la primera vez que tuve ocasión de sacarme fotos con los pilotos. Era una renacuaja y mi madre me llevó al Pit Walk, que por aquel entonces se hacía el jueves por la tarde. Allí fuimos box por box cámara en mano para
sacarme mis primeras fotos con todos ellos. Ese día quedará solo en mi memoria porque esas fotos no salieron nunca, cuando fui a recogerlas (se tenían que revelar, no eran digitales) me dijeron que había pasado algo con el carrete y que era imposible revelarlas. Recuerdo que
me pasé toda la tarde llorando, ¡qué tristeza me dio!
Cuando te paras a pensar qué significa un pase, te das cuenta que no es más que un trozo de plástico con una cuerdecita enganchada, en cambio, para mi, como para tantos otros, es mucho más... Se trata de
ratos vividos inolvidables, de gente maravillosa conocida, de mil anécdotas que contar y
esa magia que tiene y tendrá siempre el paddock.